miércoles, 17 de agosto de 2011

Sobre la experiencia del lunes pasado, el amigo DADA y el amigo TZARA

Buenas compañeros/as!
                      osas! 
Foto del compañero Daniel Arregui

Utilizo este espacio para acotar ciertas cosas que me sucedieron en la experiencia del lunes pasado, y que no pude digerir antes de hoy, por problemas de lento tránsito cerebral.

Antes que nada, pregunto, ¿Alguien realmente lee los blogs? Y sino queda en el ciberespacio como una bola de intentosignificados más de tantas!

da igual da

Con respecto al lunes, Tzara Tzara Tzara.
Y sin embargo... Nada más lejos de Tristán que yo misma el lunes pasado.
Aclaro que mis tiempos son movedizos y se escurren impiadosos por toda rendija vital; es decir, voy a contratiempo tic tac tic tac y se me atragantan las horas, por falta de organización y demandas de la sociedad moderna ésta, cosas que hay que cumplir salvaguardando la dignidad y los ratos de silencio que gritan anarquismos extraños. Me encontré, por lo tanto, arrinconadísima, con la cara contra una pantalla que decía Tristán Tzara, bello rostro para apegarse como las moscas, si no fuera por el titánico reloj que gritaba "Cucú, no te da, ¡¡¡no te da!!!".

Y de retorcer los pensamientos buscando originalidades, exprimir la ignorancia para cultivar alguna fecha, algún escrito, alguna imágen; de todo eso llegué a una tonta conclusión, también brillante:

Si debía asumir la postura de Tristán, entonces, ¿por qué carajo hacerlo de una forma lógica?
Si uno tiene que "representar" al viejo y querido Tristán, ¿no suena un poco tonto usar para ello el sentido común, cuando este amigo se hizo famoso en las artes por querer romper con todo, por burlarse en la cara de todo lo existente, por hacer poemas con recetas de cocina y una pizca enorme de azar?
La lógica de la ilógica se presentó con un alivio tremendo, fiú. Desestrés. Patafísica. Era cuestión de juntar un montón de cosas que me divirtieran y ponerlas sobre mi cuerpo. Y luego, me reté, asumir una actitud DADA, una DADACTITUD.
Y creo que mi trabajo se enfocó más en la DADACTITUD, que en la indumentaria misma. Aunque admito usé todo esto como una catarsis tremenda, cada cosa que hacemos es una depuración de manchas internas, o eso me sucede. O eso quiero que me suceda.
Es divertido cómo al DADAPENSAR todo parece genial, una mera cuestión de juegos verbales y una verborragia intensa de incoherencias más bien escatológicas, que se desprende aliviada de la tensión moral que solemos cargar; entonces, vemos al dadá como a un amigo que se divierte y está medio loco y nos sumamos un rato a su divague interminable con una sonrisa ingenua... Y sin embargo... 

¡Qué triste estás Tristán tras tan tétrica trama teatral!

Siento tras el dadísmo un profundo nihilismo. Y pesimismo. Y una suerte de absurdo teatral becketiano; ese que te saca mil risas pero te va revolviendo, lento el estómago y vaciando de a poco las entrañas, sin que lo notes. Entonces uno sale de ver "Los días felices", o "Krapp", con una mueca de alegría en la cara pero con esta sensación bastante terminal de hallarse vacío, de que algo sagrado hizo cRick crAcK adentro y es que sutil se metió en los ojos el lente deforme de la indiferencia, de la insatisfacción, o algo así poco verbal.
El dadaísmo te llama la atención, el dadaísmo te divierte, después te resulta interesante, luego te harta un poco, luego te desagrada, y huele como una cebolla cruda, al rato te cansó, te cansó y después parece como ese niño pequeño que era simpático hasta que comenzó a romper todo y a gritar a pata suelta y...  
 NO LO QUERÉS VER MAS. 
Por último, la etapa del cáncer terminal: LA INDIFERENCIA. El dadaísmo no te despierta ni siquiera un odio, ni una mueca de asco, sólo te resulta lejano, incomprensible y estúpido, como aquel borracho que se pone a hacer piruetas y después vomita y que te da igual. Lástima inclusive, hasta lástima despierta al final. -Pobre tipo borracho estúpido e incoherente que quiere llamar la atención, ¡qué lástima!... bueno, me tengo que ir a hacer cosas importantes-.

NO ES el sueño del surrealista que se pasea por los confines del universo libidinoso, es la cruda burda realidad de aliento nihilista que se te ríe en la cara. Y aunque uno tenga fé en ciertas cosas, sean las que fueran, quizás flaquees un momento y no te pinte que justo venga un tipo borracho andrajoso y DEMENTE a resaltarte lo poco coherente y lo artificial que es todo aquello que forma tu día a día y en lo que confiás.

Pobre DADA, nadie lo entiende.

DADá es un hartazgo de las formas, es una diarrea emocional. Era.Quiso ser.

 Y justamente, aquí llego al núcleo de lo que quería escribir, me pasó el lunes, que creí haber descubierto sensorialmente al dadaísmo desde dentro, y con esto me refiero a la DADACTITUD, a la experiencia empírica de generar lo que generó DADA, de sentir lo que DADA sintió, de buscar lo que DADA  buscaba.
O bueno, eso me imagino yo. Pero la película se ve genial, y tiene muchísimo DADA sentido. 
(Película mental).

Básicamente ésto:
En la interacción con los demás descubrí un afán espontáneo a la provocación grosera y directa; me divertían las formas en que se movían otros pero no podía prestarles demasiada atención, a no ser que fuera con ánimo de descomponer sus palabras, trajes, cuerpos.Quise lanzar todo lo que había al suelo y revolcarme en él. Quise desnudarme y cantar con voz fina vocablos sin sentido. Quise violar a la mitad de los presentes. Quise masturbarme con el paraguas metálico. Después,  
quería insultarlos y hacerles trampas; quería que me odiaran, que me despreciaran, que quisieran escupirme o golpearme (algunos lo hicieron...). 
Olía a cebolla. Quería que todos dejaran de articular palabras y que se pusieran a hacer cosas espontáneas. Y que se rieran, y que bailaran. Y no podía parar de moverme y de mirar altivamente. En determinado momento sentí que lograba llamar su atención, 
y que los conquistaba; luego, sentí que no me soportaban y que les era indiferente y eso me ponía feliz, porque me daba cierta libertad de acción. Dijera lo que dijera, hiciese lo que hiciese, ya pensaban que era un simple estúpido incoherente y no les importaría nada. Lo que hice fue aumentar el grado de mi estupidez para ver si obtenía otra reacción, y logré que varios se alejaran de mi lado. Y de repente, noté que debajo de toda esa bola de diversión hiperactiva estaba  
mortalmente aburrida, 

mente mortal 

aburrida
ida

y que me sentía algo vacía, y que en realidad nadie entendía un carajo de lo que estaba haciendo y que no tenía sentido.

(Sentido
ido)

Y llegué  a la feliz/triste conclusión de que eso es algo así como la escencia de DADA, y creo que algo similar debe haberles acontecido a los señores que fundaron la vanguardia.

Salú y gracias por leerme. 
 


1 comentario:

  1. Sí, alguien lee los blogs. Gracias por tu brutal honestidad. Aunque la honestidad nunca es brutal. Solo que suena así por lo inusual que resulta encontrar a alguien que realmente lo sea. Y eso es lo que sentí al leer tu manifiesto de Dadactidud -porque sin Manifiesto, no existís. Entiendo tu proceso previo, porque me enfrenté a un nombre "Kirchner", que obviamente me remitió en primera instancia al Río de la Plata y no a Alemania del 1900. Me enfrentó, sí, porque lo odié por tener que personificarlo, apoderarme de él. Porque para ser él tenía que vivir los tormentos de un hombre enfermo emocionalmente que termina suicidándose. Cuando en la vida te la pasás luchando para no entrar en estados depresivos o melancólicos, tenía que obligarme a hacerlo para acudir a una "no fiesta". Sabés qué? No lo hice. Simplemente me disfracé, tratando de representar en mí algo del señor de El Puente. Beso mi niña, que cada día escribe mejor.

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